Enrique estaba listo con su traje bien puesto. Se veía muy guapo a como fuera, terminé de bajar las escaleras y me dirigí a él, no sabía lo que podría pasar en la dichosa cena pero tenía que poner de mi parte para no hacerlo quedar mal.
—Estoy lista —le dije.
Enrique me miró y se quedó sorprendido al verme, ni siquiera lo disimuló, entonces me recorrió con la mirada de pies a cabeza. Mi cabello iba suelto, me pinté los labios en rojo y había elegido unas sandalias negras de tiritas. No encontré