—¿Qué quieres que pase ahora?
—¿Qué? — preguntó ella, con la voz un poco más baja que antes. Su pregunta la había tomado desprevenida. No era lo que esperaba.
—Me has mentido, Isabella. Me... me has demostrado una vez más que mis sentimientos no te importan.
—¡Eso no es verdad! — Se defendió enseguida, entre lágrimas.
—Sí que lo es... Ni siquiera sé por qué me molesto en hablar contigo. Nunca cambiarás, Isabella—. Afirmó, antes de pasar junto a ella y dirigirse directamente hacia la escalera.
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