Giulia entró en el despacho de Sofía y apenas cerró la puerta. Sofía la miró, apartando la vista del trabajo que tenía entre manos. Notó cómo su cuñada dejaba el bolso sobre el sofá y empezaba a pasearse de un lado a otro. La expresión de inquietud se dibujó en su rostro.
—Giulia, ¿qué te pasa? No tienes buen aspecto—. preguntó Sofía, mientras volvía la vista a la tarea que tenía entre manos.
—Ha vuelto. afirmó Giulia, bastante agitada, incapaz de detenerse.
—¿Quién ha vuelto? — preguntó Sofía,