Isabella miraba fijamente su reflejo en el espejo, pero cuanto más lo hacía, más difícil le resultaba reconocerse. Se alivió ligeramente las ojeras que le habían aparecido de repente. Suspiró con fuerza, cansada, y se llevó la mano al costado. Sabía que no podía perder más tiempo mirándose a sí misma o intentando averiguar qué le ocurría en ese momento, así que buscó en su bolso su único pintalabios.
Se aplicó ligeramente la barra de labios de color rosa y se apretó los labios para igualar el t