—Hecho—. Añadió Enrique sin apartar la vista de sus ojos. Una sonrisa se dibujó en el rostro de Trent mientras se alejaba de Enrique.
—Desata a este hombre—. Ordenó Trent y entonces sus dos hombres se apresuraron a desatar a Enrique que sonrió mientras dejaba escapar un suspiro silencioso. Un suspiro que no sabía que había estado conteniendo.
Cuando Enrique se puso en pie, se sintió un poco mareado, pero rápidamente recuperó el equilibrio.
—Aquí tienes un talonario de cheques—. le dijo Trent mi