El aire pesado y húmedo del patio se resquebrajó en el instante en que las puertas de hierro rugieron al abrirse. El sonido de los neumáticos triturando la grava no fue una simple interrupción en el pacífico terreno de la propiedad; fue la llegada de un fantasma que todos creían sepultado definitivamente en las guerras territoriales del mundo clandestino.
Dante había regresado.
Bajó del todoterreno blindado negro, y su sola presencia física restableció de inmediato una gravedad sofocante sobre