Mundo ficciónIniciar sesiónCuando tu hija de dos años te corrige sobre cómo realmente moriste, cada cuento antes de dormir se convierte en sesión de terapia.
Valdís estaba sentada en el centro de la cama imperial, rodeada por los cinco adultos que constituían su extraña familia. Sus piernas pequeñas se balanceaban mientras nos observaba con esa mirada demasiado antigua para su rostro infantil. El cabello dorado le caía en ondas suaves sobre los hombros, pero sus ojos contenían siglos de sabiduría que me ponían los nervios de punta.
—Helena —dijo con voz clara, señalando hacia donde la figura translúcida de mi predecesora flotaba cerca de la ventana—. Cuéntame sobre Thomas.
Helena se tensó visiblemente, su forma etérea parpadeando como una llama al viento. Sus ojos blancos fantasmales se desviaron hacia el suelo.
—Valdís, querida, esa no es u







