Mundo de ficçãoIniciar sessãoCuando tu hijo no nacido susurra secretos que solo los muertos conocen, cada patada se siente como advertencia.
El primer movimiento llegó a medianoche, no como el revoloteo suave que los libros describen, sino como un puño diminuto golpeando desde dentro. Me incorporé en la cama, la mano volando instintivamente a mi vientre apenas redondeado. Pero lo que siguió no fue silencio.
Fue un susurro.
No con palabras, sino con algo más profundo







