Mundo de ficçãoIniciar sessãoPedir ayuda a tu enemigo es invitarlo a destruirte desde dentro con tu propio consentimiento.
El dolor me atravesó como una daga de hielo, tan feroz que mis piernas cedieron y caí sobre las losas de mármol de mi habitación. La sangre se extendía bajo mi cuerpo en un charco carmesí que crecía con cada latido de mi corazón, y el mundo se difuminaba en los bordes mientras luchaba por mantener la consciencia.
—Adriana. —La voz de Damián sonó quebrada, desesperada. Sus manos me sostuvieron mientras yo me retorcía, pero no podía detener lo que estaba sucediendo dentro de mí.
El bebé se está muriendo, comprendí con una claridad brutal que cortó a través del dolor físico como un cuchillo aún más afilado. Mi cuerpo lo está rechazando.
—Si perdemos al bebé —murmuré entre jadeo







