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Ser violada no siempre implica fuerza física; a veces es ver tu cuerpo moverse sin tu permiso.

El control se desvaneció de mis extremidades como arena entre los dedos. Un segundo estaba de pie junto a la ventana, contemplando los jardines del palacio, y al siguiente me convertí en prisionera dentro de mi propia carne. Mis músculos obedecían órdenes que no había dado, mis labios se curvaron en una sonrisa que no era mía.

No.

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