Mundo ficciónIniciar sesiónSer violada no siempre implica fuerza física; a veces es ver tu cuerpo moverse sin tu permiso.
El control se desvaneció de mis extremidades como arena entre los dedos. Un segundo estaba de pie junto a la ventana, contemplando los jardines del palacio, y al siguiente me convertí en prisionera dentro de mi propia carne. Mis músculos obedecían órdenes que no había dado, mis labios se curvaron en una sonrisa que no era mía.
No. El grito resonó únicamente en el espacio silencioso de mi mente. No, no, no.
Pero Morgana ya había tomado las riendas.
Mi cuerpo se movió con una gracia fluida que no me pertenecía, dirigiéndose hacia la puerta con pasos calculados. Cada movimiento era preciso, deliberado, como si hubiera practicado esta coreografía durante siglos. Porque probablemente lo había hecho.
—Damián —mi voz salió de







