Mundo ficciónIniciar sesiónLos fantasmas no mienten porque ya pagaron el precio de la verdad con sus vidas.
El toque de Helena fue como ser sumergida en agua helada, pero en lugar de hundirse, Adriana se encontró flotando en un espacio que no era completamente suyo ni completamente de la muerte. Era un lugar entre mundos, donde la consciencia del fantasma y la de la viva se entrelazaban como hilos en un tapiz, y cuando Helena habló, su voz resonó tanto en la habitación física como en ese espacio liminal que ahora compartían.
—No tengas miedo—susurró el fantasma, aunque su mano espectral seguía presionada contra el rostro de Adriana—. Solo déjame mostrarte. Déjame compartir lo que aprendí demasiado tarde.
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