Mundo ficciónIniciar sesiónNada dice 'romance' como tener sexo con tu esposo inmortal mientras tu amante protege la puerta y un ejército rebelde liderado por tu casi-hermano obsesivo intenta quemar el palacio.
El fuego llegó primero. Las antorchas volaron sobre los muros del palacio de Valdoria como estrellas caídas, aterrizando en los jardines que Adriana había intentado revivir semanas atrás, consumiendo rosas y hierba seca con un hambre que parecía casi viva. Luego vinieron los arietes, troncos gigantescos envueltos en cadenas y empujados por docenas de hombres, golpeando las puertas principales con un ritmo que sonaba como latidos de un corazón enfermo.
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