El vestíbulo principal del palacio nunca le había parecido tan largo a Mariana. Cada paso resonaba contra el mármol mientras caminaba hacia la entrada, su corazón latiendo un ritmo irregular que no tenía nada que ver con la falta de sueño. Sofía. Aquí. En Alzhar.
No habían hablado en tres meses. La última conversación había terminado con gritos por teléfono, acusaciones mutuas, y finalmente, un silencio que ninguna había intentado romper. Y ahora su hermana estaba al otro lado de esas puertas,