A Bianca se le perdía la mirada puesta en aquel poderoso hombre, que rendía cuentas a su hija adolescente, con un te amo, se despidió al teléfono luego de unos minutos de emoción, porque ella decidió contarle los cambio que empezó a experimentar su cuerpo
–no sabes lo feliz que me hace sentir que mi pequeña haya tenido la confianza de contarme esas cosas–agregó el hombre contento, con una gran sonrisa que hacía resaltar su perfecta y blanca dentadura
–viste, te dije que era cuestión de tiempo,