**LEONOR**
El eco del portazo en el despacho de Casper resonó en los pasillos de la villa, rompiendo la densa quietud de la noche. Me quedé de pie en la biblioteca, con los dedos acariciando mis labios aún encendidos. El sabor a café y tabaco caro de su boca persistía en mi piel como una marca invisible, un recordatorio físico de que el gran magnate de Torre-IA era incapaz de sostener su fría lógica ante mí. Me llamaba error, me tachaba de imperfección, pero me besaba con la desesperación de un