**CASPER**
Leonor dejó escapar un leve jadeo, perdiendo por un segundo la postura soberbia para regalarme una sonrisa enamorada que me devolvió de golpe a nuestros mejores años.
—¿Nos estás dejando solos a cargo de la casa y la empresa? —preguntó Ginebra, alzando una ceja.
—Mateo manejará los números y tú mantendrás la disciplina —sentencié, mirando a mi hijo a los ojos con una gravedad implacable—. Mateo, mantén la guardia alta. Mi imperio es tuyo a partir de hoy, pero si al regresar encuentro