Damián descendía por las escaleras, ajeno aún a lo que estaba ocurriendo. Sin embargo, a medida que avanzaba, comenzó a percibir una agitación inusual.
Guardias cruzaban los pasillos con prisa, voces se alzaban dando órdenes, y el ambiente, que hasta hacía unos momentos había sido relativamente calmado, ahora era un caos.
Frunció el ceño, deteniéndose por un instante para observar mejor la situación. Algo no estaba bien.
Extendió la mano y detuvo a uno de los guardias que pasaba a su lado.
—Dis