Asherad observó a Gael con detenimiento antes de extenderle la mano.
—Bienvenido a Asgard, General.
El guerrero aceptó el gesto con respeto, inclinando ligeramente la cabeza mientras estrechaba su mano.
—Es un placer conocerlo, Alfa. Es un honor estar aquí.
Asherad regresó entonces su atención hacia su hijo.
—¿De verdad Rayborn permitió que lo trajeras? —preguntó, alzando una ceja—. Si es, como dices, su mejor espadachín, me sorprende que haya autorizado algo así.
—Logré negociar con el Alfa y