Tanto Sigrid como Damián quedaron visiblemente desconcertados ante la insinuación de Nayla. Durante un breve instante, el silencio se tensó entre los tres, hasta que madre e hijo comprendieron algo evidente: la joven no tenía la menor idea de que ellos compartían lazos de sangre.
Sigrid esbozó una sonrisa suave y negó con la cabeza.
—No, no es eso, señorita —aclaró—. El Alfa me ha encargado acompañarlo.
Nayla soltó una risa ligera, restándole importancia al asunto.
—¡Solo estaba bromeando, no t