Damián permaneció con la mirada fija en el campo de entrenamiento, visiblemente impresionado por la destreza que acababa de presenciar. Él mismo sabía manejar la espada; había sido entrenado desde niño en distintas disciplinas de combate.
Sin embargo, dentro de los clanes, el dominio principal no solía ser el acero, sino la lucha cuerpo a cuerpo en forma de bestia. Los lobos, por naturaleza, confiaban en su transformación: garras, colmillos, fuerza bruta y velocidad eran sus mayores armas.
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