Se puso el abrigo y salió de la casa, esperando salir corriendo, aunque no estaba segura de hacia dónde.
Su corazón se alegró al verlo avanzar por el sendero. Como si hubieran estado separados durante años, corrió hacia él. —Lonnie—. El hombre oso la abrazó y ella gimió. —Estaba tan preocupada—.
Lonnie le levantó la barbilla y sonrió, sus ojos azules brillaban y la derretían de deseo. —No es necesario. Tu protector es invencible —dijo con confianza y bravuconería.
—Odio admitirlo, pero si algo