La victoria aplastante en la aduana central trajo una calma extraña, casi antinatural y sumamente tensa sobre toda la Provincia de Aurelia. Durante las semanas posteriores al asalto nocturno, las oficinas del piso 40 no descansaron un solo segundo; se transformaron en un búnker de alta estrategia donde Esmeralda y Emilio no se limitaron a defender su posición ganada en los muelles. Al contrario, operaron con la precisión de cirujanos implacables que amputaban sistemáticamente cada una de las t