La palabra quedó suspendida en el aire de la habitación.
"Pequeña…"
Esmeralda sintió que el corazón se le detenía.
Sus ojos se llenaron nuevamente de lágrimas mientras apretaba la mano de Emilio entre las suyas.
—Emilio… —susurró acercándose rápidamente a él—. Estoy aquí… no me voy a ir…
El monitor cardíaco continuó marcando un ritmo lento pero estable. La respiración de Emilio seguía pesada por los sedantes y el dolor, pero aquel pequeño movimiento… aquella sola palabra…
Era suficiente para de