Antes de poder responder, sorrindo, el Alfa se acercó hambriento y se posicionó entre mis piernas.
— Harvey, yo…
Dejé de hablar cuando su lengua cálida tocó mi intimidad, haciendo que perdiera los sentidos. Hábilmente, jugaba con mi clítoris succionándolo, su lengua se desplazaba por mi entrada como amenazando con penetrar. Inconscientemente, levanté mi cadera en busca de más de sus caricias orales en mi intimidad.
— Dios mío… — Me estremecí jadeante, sintiendo escalofríos de deseo.
Su inten