Encontramos a Elara afuera de la casa, dirigiéndonos hacia el bosque, caminando con calma.
— ¿Por qué tenía que ser aquí afuera? — Comenté, temblando un poco debido al frío del invierno.
— Tú quisiste venir… — Gruñó el Alfa, acercándose más — Después del ritual de localización, me transformaré y partiré hacia la grieta, donde rogaré a la Diosa Luna.
Asentí, siguiéndolo.
— ¿Te sientes mejor, mi niña? — Preguntó Elara, con una sutil sonrisa en los labios.
— Sí, muchas gracias por tu ayuda. No sé