— ¿Mi señor? — Oliver se acercó con pasos cautelosos, llevando consigo una sombra de temor.
— ¡Habla de una vez! — Gruñí impaciente, sus ojos recorriendo los cuerpos caídos alrededor, testimonio del estrago dejado por la bestia después de recuperar la conciencia.
— Algunos de ellos eran humanos, mi rey… Tememos represalias. — Murmuró Oliver, el beta, con un análisis agudo y precaución marcando cada palabra.
— Serán más presas para nuestro deleite. — Sonreí malevolente, apreciando la idea con sa