Manteniendo sus ojos firmes, él levantó mi mentón abriendo la boca con los dedos, llevando la botella hasta la entrada de mis labios, inclinando el líquido en mi boca. Una gota resbaló por la comisura de mis labios; con delicadeza, él la secó con el pulgar, mirándome intensamente. Aclaré la garganta, haciendo que levantara la mirada.
— Tonta… — Inclinó la cabeza hacia un lado.
Mordí mis labios, sintiendo sus garras ligeramente afiladas, recorrer la piel de mi brazo, provocando escalofríos. Hábi