Me quedé allí un rato, sin saber qué hacer, con la mirada yendo de la cama a la puerta. Me moría, rebosante de la sensación de que llevaba semanas a punto de alcanzar el clímax, sabiendo que solo el olor a cerezas podía provocarme un orgasmo descontrolado. Sería tan fácil, podría asomarme y ver su cuerpo enjabonado.
Me trajeron a casa, pero apenas pudimos pasar del ascensor. Y déjame decirte que fue increíble.
—¿Qué pasó?— pregunté intrigado, mis labios se secaron con sus palabras.
Me acerqué u