87. Repentino
—No puedo creerlo…—Angelina está petrificada en su sitio. Pero aún así toma la carpeta para observar las líneas. Sus ojos, sin esperarlo, se iluminan—, por Dios…
Y gira el rostro para verlo.
Gianca ya se encuentra mirándola desde antes, y todo lo que recibe de él es calidez y delicadeza. Sólo suavidad.
Se le escapa una sonrisa aún cuando lo mira.
—¿Y tuviste que amenazar a todos esos hombres…?
—Quería encontrarte —Giancarlo no desvía su mirada—, y si alguien te ayudaba saldrías cuánto antes de