46. Un juego peligroso
Angelina se coloca las manos en la cintura y alza el rostro al cielo. Señal de frustracción.
—No tengo nada qué explicar —Angelina musita. Ya ha pasado mucha rabia con Nina y sus acusasiones—, pero si algo tengo que decirte, Giancarlo, es que Marcelo es un hombre que me importa muy poco para que tanto tú como Nina piensen algo que no es. Algo que me pone a mí en una posición que no toleraré porque si algo no tolero en esta vida —Angelina está dispuesta a dejarselo en claro a como de lugar—, es