108. Volviendo a vivir
Giuseppa agarra su mantel con fuerza, aguantando la respiración que no sube hacia su mente.
—Señor Mancini, primero debe oír cada cosa que ya le diga. A usted y a su esposa.
—No quiero oír nada. ¿Desde cuándo lo sabía? —Giancarlo se queda en su sitio, destilando la gran rabia apoderándose de él y explotando luego de ocultarle lo que su corazonada le decía a su esposa—, ¿¡Desde cuándo?!
Giuseppa no se mueve de dónde está. Tan sólo traga saliva con su quijada a lo alto, manteniendo en todo momen