Andrew entró en el despacho como siempre sonriente, fijándose en mi, ya que estaba intentando ponerme la falda sin levantarme mucho del sillón, sabiendo que tenía la cara roja de la vergüenza,
— ¿Os he pillado mal? — nos preguntó
— No, tranquilo, si fuera así, la puerta del despacho estaria cerrada ¿No? — dijo mi esposo
— Bueno yo creo que lo mejor es que coja un taxi para que me lleve a casa, tu tienes que trabajar — le dije
— Tranquila, será mejor que yo te lleve, Andrew tío encargate de to