Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl contador seguía bajando implacable. 57... 56... 55...
Mei Ming se quedó mirando la pantalla donde el rostro de su abuela brillaba con frialdad institucional. Setenta años de vida reducidos a una ecuación simple: su existencia contra la de tres personas que compartían su sangre.
—No te entregas. —La voz de V







