El portal se materializó en la sala de observación con un sonido que era parte trueno, parte cristal qubrándose. Valentina emergió cuarenta y siete horas antes de lo previsto, y lo primero que notaron todos fue que algo fundamental había cambiado.
Sus ojos brillaban con un aura visible, plateada y dorada simultáneamente, como si dos soles gemelos ardieran detrás de sus iris. Cuando habló, su voz portaba un eco múltiple, capas de frecuencias que hacían vibrar el aire.
—Tenemos seis meses —anunció