Capítulo treinta y cinco
Instintos asesinos
*Stella Di Lauro*
Mi madre me mira, yo le devuelvo la mirada y luego ambas nos enfocamos en mi padre. Nos ha tomado por sorpresa y ninguna de las dos sabemos qué decir.
—He hecho una pregunta y estoy esperando una respuesta —exige el señor de la casa en su pose más imponente.
—¡Buenos días! —la aparición de los niños nos salva la campana y a la vez, nos obliga a despertar de nuestro letargo.
Sin embargo, papá se mantiene de pie frente a nosotras,