Especial Federico Di Lauro
*Narra Federico Di Lauro*
La puerta de mi consultorio se abre y las piernas que me vuelven loco en los últimos tiempos cruzan por delante de mí, cerrando tras de sí con seguro.
Ella sonríe y yo le dejo hacer, consciente de que los dos sabemos lo que sigue desde ahí.
—Nuestro horario laboral ha llegado a su fin, señor —informa con su característica eficiencia.
—Eso quiere decir que ya no debes llamarme «señor» en primer lugar —señalo siguiéndole la corriente para