Capítulo sesenta y ocho
Una vendetta personal y una sentencia de muerte
*Stella Di Lauro*
El coche se detiene a unos metros del Café y mis músculos se tensan de forma automática.
—Que no noten tus nervios, niña estúpida —me pincha en Diablo y yo, con lo irritable que estoy, me inflo como un pez globo.
—¡Cállate! —mascullo entre dientes.
—Te estoy ayudando de gratis, así que se más amable conmigo.
—Tú no haces nada de gratis, Diablo.
—Tienes razón —el muy imbécil curva las comisuras de sus l