Al verla entrar, las otras dos compañeras de habitación se miraron y no pudieron evitar preguntar: —Dalila, ¿de verdad no te estás escondiendo?—
Kamila también estaba preocupada. —Cariño, ya tienes tiempo de irte—.
Dalila Weber se agachó y tomó sus cosas una por una hasta su cama.
Ella le dijo con calma a Kamila: —Kamila, ¿cuándo me has visto sufrir?—
Kamila pensó un rato. En realidad no lo había hecho.
Dalila Weber parecía una jovencita muy tierna y hermosa. Daba la impresión de ser tierna, ti