¿Cómo pudo hacer esto?
Ella ni siquiera se atrevió a moverse en sus brazos.
—Cariño, lo sientes, ¿verdad? Me siento muy angustiado, ayúdame...— Su voz se volvió apagada y sensual. Tan solo escucharlo hizo temblar el corazón de Dalila.
Su rostro se puso rojo y ardía, pero no se atrevió a moverse. Sus ojos estaban rojos de ansiedad mientras tartamudeaba: «Tú... tú puedes resolverlo tú misma».
¿No sabían ya los hombres cómo complacerse a sí mismos?
Él también podría hacerlo.
¿Por qué tuvo que ayu