Verónica
Todos estaban acurrucados cerca de la puerta, esperando. En silencio, asustados y muy impacientes. El aire estaba impregnado de una sensación de miedo, aunque también vibraba de emoción. Podía decir que este había sido el momento más esperado por todos.
Miré a mi alrededor y vi rostros que ya me resultaban familiares. Velbert me había traído a casa de los Selassie hacía casi dos semanas. Pensé que, después de dejar la finca de Selensky, podría empezar una nueva vida, lejos del miedo y