LE TENDISTE UNA TRAMPA

—A los hombres les gusta así. Somos territoriales, Ángel. Una vez que Velbert ve a Verónica como su mujer, hará cualquier cosa para protegerla. Nos gusta derramar sangre. Vivimos por la adrenalina. Pero lo que más nos gusta que derramar la sangre de nuestros enemigos es ver las sonrisas de nuestras mujeres”.

—No habrías dicho eso hace tres años —dijo Aixa, interrumpiéndome.

—Tienes razón. No lo haría. Porque en aquel entonces pensaba que esto era una debilidad. Pero tú cambiaste eso, Aixa. Me c
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