Le di una suave sonrisa y luego le dije la verdad. Todo estaba a la vista de todos. —Tú eres la tierra. Y yo soy el cielo que te encuentra a mitad de camino, donde el sol se encuentra con el horizonte. Es tan simple como eso”.
Sus ojos recorrieron mi rostro por un momento antes de fijarse en mí nuevamente. —¿Por qué estás callado? ¿No me crees?”, pregunté.
Velbert negó con la cabeza. —Te creo. Sólo estoy pensando... —Hizo una pausa y apretó la mandíbula. Vi los enloquecedores tics en sus mejill