Sus dedos agarraron el elástico y tiró hacia abajo la tanga, quitándole su última protección.
“Joder, ssshh Duquesa que buen coño tienes” pensaba en miles de pensamientos llenos de palabrotas que no podía expresar.
Ni siquiera era de los que le gustaba el sexo oral en la primera cita, pero esa vulva rosadita, depilada y con olor a sandía del gel de ducha, lo tentaba y hacía que su entrepierna latiera más tiesa que un palo.
Carlotta echó la cabeza hacia atrás y arqueó la espalda con los ojos