—¡Vamos, Elara! ¿De dónde sacas que esto es una galleta? ¡Es literalmente una piedra! —exclamó Sera, golpeando la galleta ligeramente quemada y deforme contra la mesa de madera. El sonido seco, un rotundo "clac", provocó las carcajadas de las demás mujeres reunidas alrededor de la hoguera.
—Soy cirujana, Sera, no panadera —me defendí, cruzándome de brazos—. Cortar a un hombre con un bisturí ha resultado ser mucho más fácil que darle forma a esta maldita masa.
Era el segundo día del Campamento d