C216 - SANGRE DESLEAL
El mundo de Zayd se redujo a una furia ciega.
—Khalid, escucha bien. Nadie toca a mis padres. Nadie —sentenció antes de colgar el teléfono y golpear con un puño cerrado el respaldo del asiento delantero—. ¡Tariq, al palacio! ¡Ahora!
Tariq pisó el acelerador a fondo sin hacer una sola pregunta, haciendo que el todoterreno rugiera en la penumbra. Mientras el vehículo devoraba el asfalto, Zayd perdió el control que había sostenido con tanto esfuerzo empezaba a resquebrajarse