32. Campo minado.
POV LEANDRO.
—¿Señor Petrovic, está usted de acuerdo…? —pregunta, sacándome bruscamente de mis pensamientos.
Miro a mi asistente. Está tenso, sudando. Aprieta la carpeta entre las manos como si le costara mantenerla firme. Eso solo puede significar una cosa: esta mujer me está tendiendo una trampa.
Mi mandíbula se tensa. El pulso se me acelera.
Aún así... debo arriesgarme.
—No estoy de acuerdo, señorita Laverde.
Ella levanta una ceja, muy despacio, y sonríe con esa expresión felina que ya me de