25. La hiena.
Alec Smirnov
Ahí está ella…
Con su cabello rojo, rizado y alborotado. Luciendo hermosa. Preciosa. Inalcanzable.
Tan cerca de mí… que hasta me tiembla el pulso.
"¡Dios…!"
Quiero correr hacia ella.
Envolverla en mis brazos.
Besarla.
Darle cada uno de los besos que durante todos estos años guardé en silencio, encerrados en el pecho como condenados que gritan por salir.
Emilia fue mi luz en la oscuridad.
Después de nuestro encuentro, lo supe: no había marcha atrás.
No podía seguir fingiendo.
No des