XXXI

AMALIA.

La superficie debajo mío se siente tan cómoda que hace que quiera seguir durmiendo, pero por más que lo intento no lo consigo, así que me resigno y decido abrir los ojos.

—Buenos días —siento como deja un beso en mi mejilla— ¿Dormiste bien?

Asiento antes de ponerme boca arriba mientras me froto los ojos .

—¿Hace mucho que estas despierto? —inquiero todavía con un poco de sueño.

—No —me responde.

Decido sentarme y cuando hago eso y abro bien los ojos, me percato de que tengo la camisa de
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