AMALIA.
La superficie debajo mío se siente tan cómoda que hace que quiera seguir durmiendo, pero por más que lo intento no lo consigo, así que me resigno y decido abrir los ojos.
—Buenos días —siento como deja un beso en mi mejilla— ¿Dormiste bien?
Asiento antes de ponerme boca arriba mientras me froto los ojos .
—¿Hace mucho que estas despierto? —inquiero todavía con un poco de sueño.
—No —me responde.
Decido sentarme y cuando hago eso y abro bien los ojos, me percato de que tengo la camisa de