El eco de las pisadas resonaba en los pasillos blindados del búnker, un sonido hueco que parecía marcar el compás de una cuenta regresiva invisible. La reunión de la Mesa de guerra, había concluido apenas unas horas atrás, pero en el ambiente aún flotaba esa electricidad densa que deja el momento previo a un gran movimiento.
Isadora caminaba junto a Nala y Sahira hacia la sala de preparación. La puerta se abrió con un suave zumbido, revelando un espacio más íntimo y cálido que las frías salas