CAPÍTULO VEINTITRÉS:LA CARTA
A continuación.
El reloj biológico de Avy es una alarma silenciosa que habita en ella desde la infancia. Es un eco de aquellos años escolares, cuando su madre la despertaba cada mañana con susurros de amor y besos tiernos. Abre los ojos y, mientras su vista se acostumbra a la claridad, nota que la luz del amanecer ya se cuela por las cortinas de la habitación de Nicoll.
Consulta la hora en su teléfono: son las cinco y treinta. Le resulta extraño que haya aclarado t